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Cultivo

El Abono en el Cultivo

El abono en el cultivo de las orquídeas.

Basado en el artículo "Fertilización foliar, conquista de la química agrícola" de Francisco de Sales Carvalho. Boletín Orquideología No 253 Mayo 2012

El abono es aquel material que puede ser asimilado como alimento por las plantas. En el medio natural, las orquídeas se alimentan de la materia orgánica que les llega como producto del deterioro de otros vegetales o el detritus de animales, pero en cultivo, es necesario suplir esta alimentación con aportes que el cultivador añade.

 

Básicamente hay dos opciones, materia orgánica y abono químico. El aporte de materia orgánica, tiene varios inconvenientes, el principal, es que nunca sabemos exactamente cuál es la composición que tiene, es decir, que elementos estamos aportando y cuáles no;  otro es que tiende a volver poco drenado el medio de cultivo facilitando infecciones y además, como tiene que desdoblarse en sales, lo cual hacen los microorganismos que lo descomponen, hacen más susceptible la planta de  adquirir infecciones y cambian el PH dificultando la absorción de los nutrientes. El medio químico lo podemos aplicar con plena conciencia de su composición y conocer previamente los niveles de absorción que puede tener la planta.

 

El abono químico se empezó a usar el siglo pasado y al principio se aplicaba al medio para que fuese absorbido por las raíces. Como una conquista moderna, surgió el abono foliar, que se resume en pulverizar en una solución de agua, los nutrientes en las hojas de las plantas, las cuales las absorben en primera etapa a través de los estomas y un poco más lentamente, en unas horas, la cutícula que cuando está hidratada, permite el paso de los nutrientes.

 

Actualmente lo mas recomendado es el uso de los abonos foliares, pero a pesar de las grandes ventajas éste no suple totalmente el radicular y se recomienda usarlo como apoyo a éste.

 

Existen tres tipos de nutrientes:

  1. Macro elementos primarios.
  2. Macro elementos secundarios.
  3. Microelementos.

 

Macro elementos primarios son:

Nitrógeno: Es el macro elemento iónico que más interés tiene en el abono foliar y representa del 2 al 6 % de la masa de la planta. Es el que necesitan las plantas en mayor cantidad, principalmente en la fase de crecimiento.

Fósforo: Es el segundo elemento en importancia. Su actividad principal está relacionada con la floración, la fructificación, el desarrollo de las raíces y la maduración de los órganos vegetativos

Potasio: Es curioso el papel que juegan este elemento en las plantas. A pesar de no entrar en los constituyentes químicos de los vegetales, su presencia en la savia es indispensable para que ésta traslade adecuadamente muchos de los componentes vitales para el metabolismo.

 

 

Macro elementos secundarios

Estos tienen una demanda mucho menor en el metabolismo de las plantas, pero su presencia es indispensable para el buen desarrollo y crecimiento. Este grupo está compuesto por el Calcio, el Magnesio, al Azufre y el Hierro.

Micronutrientes

A este grupo pertenecen elementos que son necesarios en cantidades muy pequeñas, pero indispensables para la vida de las plantas y cumplen un papel vital en el buen desarrollo de nuestros cultivos. Entre ellos tenemos el Boro, Cloro, Cobre, Zinc, Manganeso, Molibdeno, Cobalto. Yodo, etc. Para que algunos de estos microelementos sean eficientes tienen que ser aportados en formas de quelatos.

Un consejo práctico es alternar los abonos, dando mayor frecuencia a aquellos que son más importantes en las plantas. Una buena frecuencia es abonar cada ocho días.

Es muy importante que las plantas se encuentren bien hidratadas, por lo que es importante que se rieguen abundantemente un tiempo prudencial antes del abonado.

Es recomendable abonar frecuentemente, pero usando una dosis de abono por litro de agua más baja de la recomendada en la etiqueta del producto.

El abonado debe hacerse en una hora fresca para la planta, para evitar quemaduras de sus hojas.

Si abonamos con una frecuencia semanal, es bueno que cada par de meses se haga un riego con agua abundante, para lavar las sales que quedan como residuos del abono.